Educación|

Los dos parámetros más conocidos e importantes para medir la calidad de la educación en nuestro país son el SIMCE y la PSU. Cada año arrojan resultados similares: los más bajos puntajes obtenidos corresponden a los establecimientos educacionales que pertenecen a los sectores menos protegidos económicamente. Esto es una realidad que la prensa se ha encargado de hacer pública constantemente. En la comuna de Puente Alto, habitada en gran medida por familias humildes, la vulnerabilidad económica tiende a reproducirse a través de un acceso desigual a la educación. Sin embargo, la evidente relación entre pobreza y bajos resultados ha llevado a nuestras autoridades a construir una fantasía social perniciosa, pero tranquilizadora. A nadie le resulta extraño oír que a través de una educación de mejor calidad podrá por fin romperse el círculo de la pobreza, y que depende tan solo de una reforma en ese nivel el que nuestros jóvenes puedan acceder a una mejor calidad de vida. Términos ambiguos como desmunicipalización, inyección de capitales, reforma al Estatuto Docente, pueblan el vocabulario de nuestros políticos y son esgrimidos como argumentos para captar adherentes. Si la educación mejora, nuestros alumnos tendrán la posibilidad de obtener un buen puntaje en la PSU, por ejemplo, y así podrán ingresar a la universidad, convertirse en profesionales, optar a un buen puesto laboral, recibir mejores ingresos y ascender algún escalafón en la sociedad.

Es común que esta fantasía sea sostenida también en los medios masivos de comunicación. Hace algunos meses una importante empresa nacional promocionaba su campaña educativa con un aviso publicitario que mostraba a un niño pequeño, de unos diez o doce años, limpiando los parabrisas de los automóviles en alguna esquina de Santiago. Una situación que cualquier automovilista o transeúnte conoce muy bien. De pronto, un vehículo se detiene, el conductor baja la ventanilla y en vez de darle al niño una moneda le obsequia un libro. El niño sonríe, se sienta en la acera, comienza a leerlo y mágicamente se eleva, como tocado por la gracia del saber, hasta que termina graduándose de una carrera universitaria. La pregunta que surge frente a ese tipo de pensamiento es la siguiente: ¿puede un niño que se ve obligado a trabajar desde tan temprana edad preocuparse de los aspectos formales de su educación? ¿Puede un niño preocuparse de estudiar cuando tiene que limpiar parabrisas en una esquina para sobrevivir?

Las fantasías tienen el poder de funcionar como el marco desde el cual percibimos la realidad. Por ello en muchas universidades los jóvenes creen hacer un bien social al visitar campamentos, como los que abundan en Puente Alto, para apadrinar a un par de niños y hacerles clases particulares algunos días al mes. De ese modo sienten que trabajan para luchar contra la pobreza, educando a los más desprotegidos. Pero ¿constituye este acto una verdadera ayuda? Sería insensato dudar de la buena voluntad de quienes perciben en esta actividad una herramienta valiosa para conseguir ese fin, pero también es insensato pensar que eso es suficiente. Y ese es el verdadero problema. La fantasía nos permite comprender el mundo de cierta manera, así como nos tranquiliza al respondernos que sí, que con educar a los jóvenes basta y sobra.

Hace ocho años que dirijo Preuniversitario EPUK en la comuna de Puente Alto, durante los cuales he trabajado incansablemente para paliar las deficiencias educativas que mis alumnos arrastran desde el colegio. Se trata de un proyecto social y masivo, pues cada año contamos con una matricula que bordea los quinientos jóvenes. A pesar de la buena voluntad y del poder de la fantasía, la experiencia me ha llevado a comprender la situación de una manera distinta. Nuestra tasa de deserción es muy alta. A la mitad del período académico casi el 50% de los matriculados ha dejado de asistir a clases. Cada vez que nos contactamos con los desertores para conocer el motivo del abandono nos enfrentamos a la misma respuesta: la desesperanza. Ninguno cree posible ingresar a la universidad, puesto que no tienen tiempo para estudiar, pues deben trabajar para aportar en sus casas. O aunque se esforzaran demasiado y obtuvieran un buen puntaje, no podrían pagar una mensualidad tan alta. O si se adjudicaran una beca o un crédito, de igual modo no podrían comprar los materiales que necesitarían como estudiantes.

El panorama se muestra a veces desolador. El entorno social en que viven nuestros jóvenes no les permite vislumbrar una salida y los impulsa a reproducir la situación económica de sus padres, familiares y vecinos. Ellos no tienen el tiempo para prepararse durante un año entero, pues la realidad es siempre más apremiante. Más urgente. Y no siempre podrán optar a un trabajo de medio tiempo.

Por supuesto, el otro 50% que permanece con nosotros por lo general cuenta con una situación económica más holgada, o con el apoyo incondicional de unos padres que se esfuerzan hasta lo imposible por que sus hijos tengan la posibilidad de surgir. Con el apoyo de Preuniversitario EPUK que les entrega las herramientas necesarias para responder eficientemente la Prueba de Selección Universitaria. Pero es solo la mitad. ¿Qué sucede con el resto? La misma fantasía muchas veces nos enceguece y ni siquiera nos permite verlos. La fantasía nos impulsa a creer que nuestra única posibilidad de acción se encuentra anidada en las aulas de clase. Al descorrer el velo de la fantasía, sin embargo, no nos queda más que admitir que no es suficiente. Que mejorar la calidad de la educación no logrará cambiar la estructura de la sociedad. Todo lo contrario. Que el cambio en aquella estructura es la que terminará por evidenciarse en los resultados que año a año nos decepcionan con el SIMCE y la PSU. Para ello debemos salir del aula. No existe otra opción.

7 Replies to “EL VELO DE LA FANTASÍA: EDUCACIÓN Y POBREZA EN PUENTE ALTO”

  1. La dura realidad es que para el Estado, administrado por cualquier Gobierno con una economía neoliberal como la chilena, la Educación no es más que un recurso económico que frente a la decisión de invertir en ella, concesionarla o subvencionarla es evaluada según el costo social que esto implica, como costo social entendemos la cantidad de otros bienes que se dejan de producir con los recursos destinados a educación. En el modelo económico actual, subvencionar y consecionar la Educación resultan mucho más eficientes y entregan mayor bienestar a la sociedad que invertir directamente en ella. Pensar hoy en una Educación eficiente en manos del Estado, es una utopía y una paradoja.

  2. yesenia silva dijo:

    mmm buena visión. Quiero decir que yo fui una de las estudiantes de epuk
    y como ya lo mencionaron también dejé de ir, pero ahora me encuentro en la universidad privada porque no me alcansó para una estatal, pero le pongo todo el empeño para surguir y aportar mi granito de arena para ser agente de cambio. Mi nombre es Yesenia Silva y estudio trabajo social.

  3. Editor dijo:

    Lo importante es el empeño, la regla dice que en algún momento el empeño es recompensado. Gracias por tu comentario en Plaza Puente Alto.

  4. jacqueline dijo:

    Creo que tambien depende del esfuerzo de cada alumno.
    yo fui alumna del liceo comercial en enseñanza media
    precisamente fui alumna del profesor Claudio Moreno,
    di la psu y entre a estudiar ingenieria comercial gracias al fondo solidario, bueno no me gusto la carrera y ahora estudio ingenieria informatica, ademas trabajo part time todos los dias.
    En fin… si una quiere salir adelante ni el entorno social, ni los pocos recuersos economicos lo impiden.
    Jacqueline Gomez

  5. claudio dijo:

    Muchísimas gracias Jacqueline por tu comentario, cómo tu bien dices, las ganas y la automotivación son claves para ganarle a la adversidad.
    Un saludo afectuoso.
    Claudio

  6. Jacquelin, eres un buen ejemplo para la juventud de Puente Alto. Creeme que mi historia es muy similar a la tuya y la de tu profesor Claudio también. Un abrazo.

  7. Alexis dijo:

    Me parece interesante el documento, y estoy de acuerdo de q el problema es sitemico y no solo de un sector del proceso educativo.
    y que provablemente pasara mucha, pero mucha agua bajo el puente para que algún govierno haga algo.
    pero de verdad.

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